Rosalía se preparó con esmero para ir a una iglesia de Nueva York, pero no pudo entrar porque estaba llena. La cantante contó la anécdota durante una entrevista con Jimmy Fallon y explicó que, después del rechazo, terminó yéndose de compras.
Tras lucir varios looks durante la Semana de la Moda de París, Rosalía viajó a Nueva York. Allí había llamado la atención con un vestido de Erdem, de grandes plumas bajo la falda, que evocaba el LUX Tour y la estética de referencias religiosas que acompaña a su cuarto álbum de estudio.
La artista explicó que el domingo decidió visitar la Abyssinian Baptist Church, en Harlem, después de oír hablar de sus servicios dominicales. «El domingo me desperté y decidí que iba a ir a la iglesia. Hay una de la que había oído hablar, se llama Abyssinian Baptist Church, está en Harlem. Escuché que hacen un servicio dominical increíble, así que estaba muy emocionada y me preparé. Me maquillé, me peiné, me puse perfume, aceites y todo tipo de hidratantes. Guapa para Dios, hot for God, ¿me entiendes?», relató.
También describió el conjunto que eligió: tacones bajos, pantalones capri, una rebeca y un pequeño colgante. «La imagen de alguien que ha venido a escuchar la palabra del Señor», dijo. Llegó temprano, pero encontró una larga cola y esperó hasta alcanzar la puerta. Allí, según contó, un hombre la miró y le dijo: «Lo siento, pero no puede entrar hoy».
La explicación que recibió fue que la iglesia estaba llena. «Así que no pude entrar, fui rechazada por la iglesia. Ni siquiera sabía que fuera posible», recordó entre risas. Cuando Fallon le preguntó qué hizo después, Rosalía respondió: «Me fui y me compré unos zapatos nuevos». El presentador bromeó con que eso era lo que el Señor habría querido, y ella remató: «Dios dijo que no, pero mi outfit dijo sí».
No se conocieron los zapatos que compró ni se vio el conjunto que había elegido para ir a la iglesia. En cambio, la cantante sí mostró en el programa un vestido de estilo minimalista, alejado de sus referencias religiosas y cercano a la moda de los años noventa.

El vestido, cuyo diseñador no se identificó, era de satén negro, con silueta evasé, escote cuadrado, tirantes anchos y una fina puntilla del mismo color.
Lo combinó con medias negras transparentes y zapatos de charol puntiagudos con tacón. Un estilismo recatado que reunía en una sola prenda la esencia de LUX.
